jueves, 1 de agosto de 2013

EN VISTAS DE CALMAR MI GAZUZA



vista del restaurante
foto del exterior del restauranteTenerife tiene un sinfín de rincones mágicos donde disfrutar, pasear, comer, salir con los amigos, desconectar, divertirse y un largo etcétera. A mí, por ejemplo, me encanta perderme por el norte de la Isla porque es un lugar muy diferente al sitio en el que vivo: Santa Cruz. La capital es precioso, pero me gusta salir de ella los fines de semana y en mis momentos de ocio. Y qué mejor sitio que El Sauzal para cumplir ese deseo. El Sauzal es sinónimo de relax, de naturaleza y tranquilidad. Además, es un municipio con mucho encanto. Me acuerdo de ir con el colegio de visita al teatro sauzalero cuando estudiaba la ESO. Son recuerdos de la infancia que se me quedarán grabados siempre. Y es que este bello enclave me trae muy buenos recuerdos. En su plaza, donde está ubicada la iglesia, jugaba con mi padre al fútbol. Eran los tiempos de mi niñez. Gracias a mis padres, conozco fantásticos lugares, guachinches y restaurantes para comer canario, casero y genial. Yo empecé a subir, como decimos vulgarmente en Tenerife, para arriba cuando tenía 5 o 6 años. Subía con mis padres y mis abuelos paternos. Principios de la década de los 90. Juntos íbamos a todos lados: La Matanza, La Victoria, Santa Úrsula, Puerto de La Cruz, Tacoronte, Buenavista, Garachico y un no parar de municipios que visitábamos todos los sábados. Fui feliz en ese entonces. Recuerdo las comilonas que nos mandábamos en Esmeralda: croquetas, ensaladilla, potajes, sopas. Se comía fantásticamente bien. Hablando de este último establecimiento, precisamente justo enfrente del mismo se sitúa uno de esos restaurantes de siempre en el que se come casero. No les niego que puede ser un poco caro. Se tira de precio, como decimos por estos lares insulares; pero si tuviera la ocasión de ir, no lo dudaría. La atención es muy rápida y exquisita, como todo el servicio. Es de esos sitios en los que podemos degustar unos calamares, croquetas, churritos de pescado. Todo eminentemente casero.